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Agosto es un mes que no sólo a la tercera edad le gustaría evitar, sino probablemente a todos quienes sufren los trastornos de vivir cerca de un felino. En especial, si es hembra.
Es que el mes de los gatos recibe su nombre precisamente porque en esta época las gatas sufren cambios hormonales que las hacen entrar en actividad reproductiva, comenzando así con el fastidioso espectáculo de llamar a los machos. La razón: ellas necesitan sobre 12 horas diarias de luz para empezar a ciclar y en este período (agosto-septiembre) surge ese aumento de la luminosidad.
Sin embargo, - sobre todo en la ciudad- hay muchas gatas domesticadas que viven permanentemente con luz artificial, lo que ha llevado a que tengan la posibilidad de ciclar todo el año y que el tema sea de constante preocupación, explica la médico veterinaria de la Clínica Veterinaria Alemana, Denys Adauy.
Las gatas se caracterizan por tener una conducta reproductiva poliéstrica estacional fotolumínica positiva. Es decir, no sólo necesitan de la luz para entrar en celo, sino que una vez que eso ocurre, puede presentar varios celos seguidos. Cada uno dura en promedio unos 7 días y son interrumpidos luego por fases de descanso sexual (llamados interestros), que también se prolongan por casi una semana (aunque puede variar entre 1 y 21 días).
A diferencia de las perras, las gatas tienen ovulación inducida, por lo que cuando hay penetración o estimulación de la zona vaginal se gatilla un cambio hormonal que las lleva a ovular. Así y todo, menos del 50% de las gatas ovulan con una sola cruza, por lo que la probabilidad de quedar preñada tras la primera monta es baja (claro que puede tener varios servicios en un par de horas).
Tenencia responsable
Si queda preñada, se iniciará el período de gestación (63 días aprox.), alargándose la etapa de interestro. Tras el parto, puede volver a ciclar al cabo de 15 días.
En caso de haber cruza, pero no quedar preñada, la gata puede vivir una pseudogestación, que extiende también el interestro por unos 35 días. Ahora, si no hubo cruza ni se estimuló externamente la ovulación, el ciclo de la hembra estará manejado con actividad estrogénica, permitiendo que entre en celo una y otra vez. Como si no bastara con esa facilidad para ciclar, las gatas tampoco presentan sangramiento ni edema de vulva como signo físico que advierta el celo; sólo cambios conductuales.
Andan más regalonas e intranquilas, se les aprecia una vocalización constante (maullido inusual con el que llama todo el día a los machos), friccionan su cuerpo sobre objetos o personas y muestran posturas de lordosis (si se les hace cariño en el lomo, tienden a levantar el tren posterior y a mover la cola hacia el lado).
Para la doctora Adauy, una tenencia responsable de mascotas implica preocuparse del control de la natalidad de las gatas, siendo recomendable la esterilización cuando el animal no cumple fines reproductivos (los anticonceptivos pueden causar infecciones uterinas y son difíciles de aplicar en animales con calendarios reproductivos tan engorrosos).
Ésta hay que realizarla ojalá antes del primer celo, pues se ha visto que así incluso disminuye el riesgo de tumores mamarios. Por lo demás, al permitir la cruza crece la población y, con ello, el peligro de seguir propagando males tan serios y frecuentes en Chile como la leucemia felina.
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