El aseo del caballo es fundamental, no solo para su aspecto sino porque es algo que influye directamente en su propia salud.
Cada animal debe tener su equipo de limpieza, ya que el uso de los mismos utensilios para varios, puede ocasionar la propagación y el contagio de cualquier enfermedad que posea uno de ellos. Estos utensilios también deben lavarse a menudo.
Debemos limpiar al caballo con cierta frecuencia. Primero frotaremos con la rasqueta y después le cepillaremos, conviene recordar que al hacer esto, a parte de limpiarlo efectuaremos un masaje que estimula la circulación sanguínea y tonifica sus músculos.
Utensilios de limpieza: Las crines y la cola deberán desenredarse con un peine y si las crines son muy abundantes, se descargarán entre sacándolas (nunca deben contarse con tijeras).
Los cascos requieren un cuidado muy especial ya que es una parte muy propensa a las infecciones. Con ayuda de un escarba cascos, limpiaremos toda la acumulación de serrín o barro que puedan tener y les aplicaremos, con ayuda de una brocha, grasa especial para los mismos, evitando que se resequen y agrieten.No es conveniente abusar de las duchas, ya que el pelo del caballo posee sus propios aceites naturales, que se eliminan con el exceso de agua. Por ello lavarlos demasiado puede ser perjudicial. Tampoco debemos ducharlos cuando hace demasiado frío.
En invierno podemos lavar las zonas más sucias como las crines y la cola con champú, agua y aclararlas intentando no mojar al resto del caballo.
Esquilados: Para que no acumule demasiada suciedad y sude en exceso al trabajar, conviene esquilar al caballo. Pero debemos tener en cuenta que al quitarle su abrigo natural, no debemos olvidar ponerle una manta.Toda esta higiene se complementa con la de la propia cuadra del caballo. De nada sirve tener al animal limpio si su vida discurre el resto del día, sin unas condiciones higiénicas imprescindibles.
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